sábado, 24 de enero de 2015

silla amarilla


 
Estaba en la cafetería
sentado ante la taza de café
que se había quedado fría;
y la inspiración no venía...

Quien llegó, gateando, fue una nena
de un añito que se había fugado
de la mesa de sus papás,
para agarrarse a una silla amarilla
que había al otro lado de mi mesa.

La recogieron, a la nena,
la llevaron a su mesa e intentaron
darle el biberón,
una muñeca,
un tigre de plástico...

¡Todo en vano!

A la primera de cambio
se volvió a escapar
y gateando llegó de nuevo
a la silla amarilla,
a la que se aferró con verdadero
amor.

Como la silla estaba vacía
le dije a sus progenitores que se la llevasen
a su mesa.

Y allí se consumó la felicidad:

¡No sólo se abrazó a ella,
también la subieron encima!


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