miércoles, 3 de febrero de 2016

Eco



No recuerdo dónde fue...,
dónde me hallaba aquel día...,
pareciérame un vergel,
un lugar de fantasía.

Todo verde y alfombrado,
de tantas flores silvestres,
se extendía aquel verde prado,
tan hermoso y tan agreste.

Se elevaban hacia el cielo
unas colinas, al fondo;
tan desnudas y sin velos
cual un sentimiento hondo;

y hacia ellas, asombrado,
muchas palabras dijera,
para que el eco, pausado,
todas me las repitiera.

Hoy aquella voz resuena
dentro de mi corazón,
cual si del cielo viniera
la más sublime canción.

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