viernes, 14 de octubre de 2016

Octavas reales


1

Me encantan esos ojo
s que iluminan

mi rostro fatigado y abatido.
Son ojos que al mirarme ni imaginan
el gran caudal de todo lo perdido.
Son ojos que fecundos ya germinan
por un erial de sueño fenecido.
Por ello mientras brillan en la noche,
asombra al corazón tanto derroche.

2

Lo que vendrá se forja de la nada;
vagar por lo ideal es conveniente,
pues una vez la vida terminada
acaban los caprichos de la mente,
el ansia y la ilusión arrebatada,
el sueño luminoso y sorprendente.
Como agua por los dedos, que me huye,
el ritmo del presente corre y fluye.


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