viernes, 30 de diciembre de 2016

Alma cautiva






Amores, aquéllos, que fueron un día
luz esplendorosa,
y aquella quimera, que alegre crecía,
firme y vigorosa.

Perfume tan nuevo, y un ritmo triunfal
todo lo inundaba;
mientras que la dicha, suspiro vital,
por mi tiempo erraba.

¿Qué fue de aquél mundo que amaba yo tanto,
de voz encantada?
Matólo el destino, dejándome en llanto,
sumido en la nada.

Un viento me llega que el alma fustiga,
y sin más tardanza
la inunda de sueños, para que prosiga
llena de añoranza.


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