jueves, 6 de abril de 2017

Ocurrió cierta vez


Normalmente
me quedaban asignaturas para septiembre.

Recuerdo que nos sentábamos en verano,
mi padre y yo,
en la terraza de un bar que había a la orilla del parque,
y allí, mientras nos tomábamos una cerveza o un refresco,
repasaba mis lecciones.

Cierto curso me quedaron cuatro asignaturas
y tuve que ir a una academia durante el verano.

Mi compañero de pupitre
era bastante malo en matemáticas y yo lo ayudaba.

Entre clase y clase hablábamos de cualquier cosa.
Le dije que me gustaba mucho una chica
que se llamaba Maruja.
Él me contó que era su hermana.

Siempre que podía lo acompañaba a su casa,
a echarle una mano con las matemáticas
y a ver si podía ganarme el corazón de Maruja.

El caso es que no dio resultado.
Era demasiado joven o demasiado tímido.
Tal vez ella no sentía lo mismo por mí
o también era demasiado tímida.

De aquel amor quedó la añoranza
de un sueño irrealizado. 

Ahora, al evocar, a veces me brotan las lágrimas.
Ahora ya sí que estoy irrealizado,
y de aquellos días apenas queda un perfume
que vuelve y vuelve...

J. Martín

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