martes, 6 de enero de 2015

Todo estaba allí



Todo estaba allí.
Mi cama metálica con su somier,
el colchón y la almohada de lana,
la mesa y la radio,
el Meccano y la lámpara del salón,
la televisión y el sofá,
el teléfono en el recibidor sobre la mesita,
y el espejo de pared y las sillas de madera,
y la nevera y la cocina de carbón y leña,
y el infernillo eléctrico,
y la mesa del comedor, redonda y grande,
y aquél mueble tan bonito,
con estantes y puertas corredizas de cristal.

Todo estaba allí.
Todo, todo, todo…
Y mi infancia también,
y mi vida también,
con el aroma y la presencia de los míos,
de los que me dieron la vida
y me criaron.

Nada queda ya.
Mi vida se esfumó por los laberintos del tiempo
y mi casa se perdió.

Soy un fantasma condenado
a rememorar y esperando el Amor que me redima...

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