sábado, 16 de mayo de 2015

al banco con la abuela

















La felicidad parece estar
en las cosas más sencillas.

Yo era entonces un chiquillo
de siete u ocho años
y vivía con los abuelos.

Un día al mes la abuela iba
al banco a pagar recibos
y creo que a poner un giro;
y era para mí una fiesta
aunque no fuese festivo.

Ese día la acompañaba
y a la escuela no asistía,
viajaba por la ciudad
tan feliz en el tranvía.

Mi abuelita se hizo amiga
de quien siempre la atendía,
una joven muy simpática
que Montserrat se llamaba.

Y luego al salir del banco
en un bar de por allá,
me tomaba yo un refresco
y mi abuelita un café.

Luego volvíamos a casa
a recoger al abuelo
y ese día comíamos fuera.

Íbamos al restaurante,
donde hacían una comidas
que jamás he de olvidar
de tan buenas como estaban.

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