lunes, 6 de julio de 2015

romance del oso goloso



Romance del oso goloso


Ocurrió muy de mañana:
Estaba en Carabanchel
Una moza muy lozana 

Vendiendo tarros de miel.

A comprar, éste y aquél,
Hasta ella se acercaban,
Cuando de pronto un tonel
Que dos chiquillos rodaban

Por desgracia fue a romper
Los tarros que ella portaba;
Pudiendo la gente ver
Cuán compungida quedaba.

Mas al rato aparecía,
Aunque no parezca lógico,
Un oso que se decía
escapara del zoológico.

Al ver la miel derramada
La devora con fruición,
Evocando otras veladas
De gozo en su corazón.

Y en su completa alegría
Sus ojos miran al cielo,
Olvidándose que había
Mucho cristal por del suelo.

Así que sin darse cuenta
Se nos hiere una patita,
Y al ver la herida sangrienta
Le ponen una tirita.

Curativo insuficiente
Para atajar ese mal,
Por lo que inmediatamente
Lo llevan al hospital.

Allí empiezan los problemas:
Los servicios recortados,
Amén de otros anatemas
Contra los osos fugados.

Que si no tiene papeles...
Que si el bicho es ilegal...
Que si se comió las mieles...
Que si puede hacer el mal...

A vejación lo someten,
Lo vendan en un pasillo,
En un cuartucho lo meten
y le cierran el pestillo.

Cuando todo parecía,
Por conclusión evidente,
Que nuestro oso acabaría
Enjaulado nuevamente,

Surge un príncipe valiente:
Muy ocioso él caminaba,
Y a raíz del incidente
Con la moza se topaba.

La encuentra desconsolada,
Con los tarros por el suelo,
Y al ver que era divorciada
Él le ofrece su consuelo.

Aunque era una plebeya,
Estaba de muy buen ver,
Y se le antoja tan bella
Que la hace su mujer.

Se pagan un buen palacio
Con los impuestos de todos,
Con servicio y buen espacio,
Cual si fueran reyes godos;

Y como tiene adosado
Un suntuoso jardín,
El oso ha sido adoptado
Y lo llaman Serafín.


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