domingo, 7 de agosto de 2016

El extraterrestre

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EL EXTRATERRESTRE


- Hace ya unas cuantas noches que aparece en el cielo, en el pinar que hay próximo al lugar donde vivimos, algo así como una nave espacial -me cuentan Joaquin y Carlos en el recreo.

- ¿Esta noche vais a ver ese nave? -les pregunto.

- Supongo que sí -dice Joaquín-, cada día va más gente.

Seríamos unos 15 los que acudimos, algunos conocidos del instituto, a otros era la primera vez que los veía.

- ¡¡Mirad, ya comienza a descender!! -dijo uno.

- ¡¡Esta vez está bajando muchísimo más que otras noches, parece como si quisiera aterrizar allí!!

- ¡¡Es cierto, -respondí asombrado-, la nave se ha quedado como flotando a pocos metros del suelo!!

Al cabo de algunos segundo todos pudimos ver cómo un extraterrestre había descendido de la nave -sin saber cómo- y se enconaba a unos 10 metros del grupo.

Era de color verde y con un cráneo enorme; de la frente le salían como dos antenas a modo de finos cuernos rematados por sendas esferas que parecían ser los ojos, carecía de nariz y de orejas; la boca también era grande, cuando se abría formaba una circunferencia casi perfecta. Era bípedo y tenía dos brazos rematados por una suerte de manos, cuyos “dedos” eran varios tentáculos finos, flexibles y en continuo movimiento.

De tan asombrados que estábamos ni nos movíamos ni decíamos palabra. De pronto comenzó a emitir algo así como unos gruñidos con cierto ritmo y acompasamiento.

Verlo gesticular fue sorprendente. Su cabeza, su cuerpo en general, lo que parecían sus ojos y sobre todo aquellos múltiples y largos “dedos”, acompañaban con un sincronismo cósmico aquella ininteligible prédica.

Su poder de persuasión nos tenía hechizados. A veces parecía invocar al cielo, luego, prevenir al Mundo de no sé qué peligros…

Pero lo más sorprendente era observar su expresión cuando de vez en cuando quedaba en silencio. Era como si dijese: “¡Veis, pobres terrícolas, cuán acertado estoy!”

- Lleva un buen rato callado, ¿nos acercamos a él para verlo mejor? -me dijo Carlos, que estaba justo a mi lado.

Lo hicimos, pero cuando el extraterrestre observó que nos aproximábamos, su expresión mudó totalmente. El tono de su voz y sus gestos parecían ahora amenazantes.

Asustados ante aquel imprevisto cambio de carácter, retrocedimos rápidamente hasta reintegrarnos en el grupo.

Cuando se percató de que ya todos estábamos a una distancia prudencial de él, ceremoniosamente, como despidiéndose, se nos hizo invisible y al momento la nave partió.

- ¡Si no os hubieseis acercado a él no lo habríais asustado y no se habría ido!

- ¡A lo mejor tenía algo importante que comunicar a la humanidad y nos lo hemos perdido por vuestra culpa!

- ¡¡Venga ya, tíos, pero si no se entendía nada de lo que decía!!

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