martes, 9 de mayo de 2017

Romance del mundo perdido



Perfume de brisa leve.
El aire gentil me lleva.
Lentos, mis pasos él guía
por la añorada alameda
de aquello que floreció
en tan gentil primavera.

Trinar de las avecillas.
Sutil, la brisa me encanta.
Las violetas me susurran,
y la fuente de agua clara:
-dónde fuiste, dónde fuiste,
te buscamos y no estabas.
-Me arrancaron de mi mundo
manos pérfidas, malvadas,
heraldos de noches tristes
y de gélidas mañanas.

No soy yo quien está aquí,
sólo mi alma, que vaga.
Esta sombra que estáis viendo
es apenas añoranza;
es un sueño fenecido,
es la de un pobre fantasma.
Él vuelve por la alameda
mas sin ninguna esperanza
de recobrar aquel canto
con sus acordes de arpa;
y aquellas noches de luna
vistas desde la terraza,
y aquel árbol cuya copa
alcanzaba la ventana
de aquella mágica torre,
de aquella que fue mi casa.

Todo murió y sólo queda
mi visión alucinada
y la fragancia inefable
de aquella rosa temprana.

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